No hay mucho que añadir a lo ya dicho sobre la función
práctica del duelo como forma de incorporar y aceptar el
hecho de la desaparición de lo que compone y es la vida,
aunque dicho esto, aún queda preguntarse por la razón
que todavía nos lleva a afrontar la muerte con tanta distancia,
como si ello fuera a volvernos inmortales. Ciertas actitudes ante
la desaparición de la vida se pueden ver como variaciones
de una misma fórmula maestra, y aunque aquí han caído
en “desuso”, aún hoy se realizan en algunos lugares
donde todavía no se piensan tanto las cosas. Así podemos
ver, por televisión claro, cadáveres pasar de mano
en mano por encima de multitudes a las que no les importa zarandearlo
con tal de tocarlo por última vez, o incluso a un hombre
dar los trozos de su esposa en incipiente putrefacción a
los buitres.
Eduardo Chao quería recrear tres rituales significativos
que han marcado a la humanidad desde que se concibe como tal a sí
misma, independientemente de lo que esto signifique. Así
que se disponía a experimentar el paso al no ser, al margen
de la asepsia que acompaña hoy este asunto, y el desierto
le pareció un lugar magnífico para tal menester cuando
pensó pasar allí una semana. Para ello fabricó
tres figuras mortuorias en las que cuidadosamente se embalsamó,
envolvió en gasa y anudó con cuerda, el plan era quemar
la primera, inhumar la segunda y abandonar la tercera a su suerte.
Así que cuando llegó a ese paraje soñado en
su desolación a la busca de la experiencia perdida y se topó
con la realidad del verano castellano, lugar de encuentro de los
hijos de los sajones, cuya mística sólo quiere del
áureo astro tostando sus pieles rosadas, y que pese a su
respetuosa actitud con el medioambiente (sus madres estarán
orgullosas) no consintieron un segundo de ese silencio con el que
el viajero se había dibujado en su imaginación el
desierto: Tal como lo concibió y preparo para que tuviera
lugar, decidió suspenderlo ya que después de todo
algunas cosas son incompatibles. La ceremonia sana lo que una juerga
sólo subsana. Otra vez será. |
|